¿Por qué las chicas van siempre juntas al baño?

Uno de los grandes misterios de la humanidad (más que nada para el sector masculino) es eso de que las chicas siempre vayamos al baño en comuna, no vaya ser que alguna se pierda por el camino, se le tuerza un tacón y se pegue la leche de su vida o no tenga a quién pedirle kleenex.

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Es también uno de los grandes misterios de las noches de fiesta, cuando una dice voy al baño hay varias que gritan “yo también”. Y los muchachos se quedan solos en la barra o en la pista de baile mirándose con cara de ¿por qué será esto de que nunca van solas?

Pues hay varias opciones. Novios o rolletes, vosotros vais a ser el principal tema de conversación. Si os pitan los oídos ya sabéis lo que está pasando, ¿alguno ha metido la pata y le pueden estar haciendo un traje?

Seguro que se os pasado desapercibido un gesto o un guiño de ojo clave. A veces ni eso nos hace falta, un simple “acompáñame al baño” basta para que nos entendamos. Cuestión de solidaridad, amistad y empatía.

Nos necesitamos unas a otras para sujetar las cosas: mientras una está en el baño, la amiga sujeta las cosas y hace de perchero, que ya sabemos que lo de apoyarse en la taza del wc público como que no, y llegamos allí y nos damos cuenta que no podemos con todo.

El proceso se repite alternando, ¡qué haríamos solas!

Algo estamos tramando: puede que una se quiera largar a casa corriendo por patas porque ese chico no era lo que esperaba, lo de ir al baño viene que ni pintado para pedirle a las niñas que te echen un cable o te den un consejo. – Haz que te llaman al móvil y huye.

Momento cotilleo: que si el modelo de una, que si el peinado de la otra, que si ese morenazo que nos mira desde detrás de la barra. ¡En el medio de la pista la música está muy alta! Y como todas estamos a lo mismo y las colas suelen ser enormes, nos da tiempo de sobra para hacer un repaso de todo el local.

Momento maquillaje: operación retoque. Aunque la gran mayoría no llevamos la plancha del pelo en bolso (que hay de todo por el mundo), sí nos gusta retocarnos la raya del ojo, los polvos o el brillo de labios. Y como nunca llevamos de todo, compartimos.

A veces conspiramos contra todos los hombres del planeta, y acabamos siendo amigas de las que vienen detrás nuestra en la cola, con conversaciones inverosímiles, a la par que interesantes. Si es que en el fondo ¡es hasta divertido ir al baño en comuna!

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